
Los colores tienen la capacidad de influir en nuestro estado de ánimo y en nuestras percepciones. El rojo, por ejemplo, es un color que suele asociarse con el amor, la ira o la urgencia, mientras que el azul puede transmitir tranquilidad y confianza. Los artistas utilizan estos efectos psicológicos para guiar la respuesta emocional de quienes observan sus obras. Al comprender la psicología del color, los pintores pueden elegir combinaciones que resuenen con sus intenciones y logren un impacto significativo en su audiencia.